El ‘fracking’ es una técnica que permite extraer
hidrocarburos no convencionales atrapados en capas de roca que se encuentran a
gran profundidad. Al perforar la roca, se inyectan a alta presión grandes
cantidades de agua con aditivos químicos y arena para fracturar la roca. Cuando
el gas comienza a fluir de regreso lo hace con parte del fluido inyectado a
alta presión.
Si se piensa reinyectar en la roca fracturada debe
hacerse mediante pequeños volúmenes, pues puede generar sismos. Si esto no se
tiene en cuenta, o las autoridades ambientales no vigilan, se pueden sufrir
afectaciones en el medio ambiente.
Una de las principales preocupación de implementar el fracking en Colombia es el consumo y contaminación del agua. La cantidad de agua requerida para desarrollar un pozo de hidrocarburos no-convencionales por medio del fracking oscila entre 2.5 y 7.5 millones de litros.
En términos simples, se requiere aproximadamente el agua de media piscina olímpica para fracturar un pozo.
Esto puede ser un tema muy sensible en zonas donde los recursos hídricos sean limitados y es la principal razón para vetar esta técnica en zonas específicas, a pesar de que aproximadamente el 60% del agua utilizada en el fracturamiento hidráulico regresa a la superficie y puede reciclarse para ser utilizada en la fractura de otro pozo.
Si bien tenemos algunos avances en materia ambiental, no estamos listos para exponer las cuencas de agua a una presión como la del fracking. Por ahora los bloques se entregarán a pesar de que varios ambientalistas y ONG han pedido al gobierno que instaure una moratoria igual a la de Australia mientras se termina de elaborar la debida reglamentación para esta actividad.
